Siempre me preguntas que es lo que más me gusta, cómo me gusta follar o qué detalles tener conmigo. Aquí te dejo una fantasía que me encantaría tener contigo.
Mi noche de sexo perfecta empieza unos días antes de encontrarnos. Me gusta que me calientes antes de encontrarnos mandándome fotos de tu polla dura o algún vídeo masturbándote para mí. Adoro particularmente que juegues con tus huevos, que te muestres a la cámara sin pudor para mí. Me encanta pedirte fotos de tu polla y que me las mandes. Amo tu obediencia. Se me pone el coño como una fuente y mojo las bragas pensando en el momento exacto que me la vas meter o en el tacto de tu lengua en mi clítoris.
Hemos quedado en mi casa y te presentas antes. Me encuentras en casa a medio vestir: en ropa interior negra y con las medias. Me estoy maquillando y arreglando el pelo. Abro la puerta y esperas al otro lado con la verga dura, empitonado como un toro a punto de atacar. Me enfado contigo y te disculpas por llegar antes. En tus ojos veo la furia de tu polla. Tratas de disimular. Te he dado una buena regañina y te la has creído. Te quitas la chaqueta y te sientas en el sofá a esperar que termine de arreglarme. Te miro sin que te des cuenta y veo como te amasas la polla por encima del pantalón. Me siento encima de la mesa del comedor sin que te des cuenta y me masturbo mirándote. Espero un minuto antes de pedirte que te des la vuelta.
Te giras y me encuentras abierta, apartándome las bragas de encaje negro a un lado para que me veas el coño. Te pido que me huelas. Te pones de rodillas frente a mí y me hueles el coño como un perro, sin tocar ni lamer. Te ordeno que me soples y lo haces. Después te digo que escupas y me babeas el coño. Me masturbo mientras tu estás a pocos centímetros de mí. Sin querer te golpeo en la cara con mi mano. Te llega el calor que desprendo a la nariz, las mejillas, los labios. “No te toques”, ordeno. Y obediente dejas caer tus manos a los lados.
Me tumbo y subo las piernas doblándolas hacia mi pecho. Te ofrezco mi ojete para que lo chupes mientras yo sigo con mi coño. Gimo. Respiro fuerte. Un lapo enorme se estrella en mi culo, después llega tu lengua a degustarme. Te pierdes en mi culo. Lames generoso de arriba abajo y después juegas con mi entrada. Me besas el ojete como si me dieras las buenas noches, como si estuvieras lamiendo un helado. Tu lengua quiere entrar. Cierro los ojos y me relajo para recibirla. Metes la punta de la lengua y mi mano, que no ha dejado de jugar con mi coño se acelera. Me tienes a mil. Te mancho la cara con gotas de flujo.
Te separo de mí. Me tumbo boca abajo en la mesa, con las piernas colgando ofreciéndote mi culo. Me voy a correr muy rápido y quiero terminar con tu cipote dentro. “Fóllame”, te pido mientras me bajo las bragas hasta las rodillas. Te desabrochas y tu polla aparece saltando como un tentetieso. No esperas, no preguntas, solo la metes en mi coño. Abro las piernas para darte espacio. Me agarras por las caderas. Me rindo. Me empotras. Me atraviesas. Me embistes. Solo gimo y siento tu rabo deslizarse conmigo. El golpe de tus huevos es feroz con mi clítoris. Estoy hinchada y a punto de reventar. Tus bolas campanean entre mis piernas, me nublo y me corro. Grito. Y el orgasmo me apoyo en la mesa. Me sigues follando. Ahora estamos de pie, yo apoyando las manos en la mesa con el torso incorporado y las tetas botando. “Para. Vamos a cenar”. No paras. Sigues porque te quieres correr. Quieres llenarme de tu lefa. Me separo de ti y me subo las bragas. Me miras con la polla tiesa y te muerdes el labio. Te beso y te susurro que vayamos a cenar. “Vístete” me ordenas. Yo me pongo el vestido negro ajustado y un abrigo largo.
Has reservado en mi restaurante preferido y sabes que no va a ser rápido. Intentas olvidar que te he dejado a medias. Yo coqueteo contigo para que no lo olvides. Te quiero duro para después. En el primer plato te digo que por fin quiero que me folles el culo. Me miras directo a los ojos sin responder. Siento tu erección sin verla. Coqueteo con mis pechos. Me preguntas sobre el trabajo. Sé que quieres aguantar para después. Quieres vengarte. Quieres follarme muy duro. En el segundo te informo de que me he comprado unas cuerdas para que me ates. Respiras y bajas las mano para colocarte el rabo. Miras hacia otro lado para evitar mi sonrisa. Me quito el zapato y te acaricio la pierna con el pie. Subo. Y subo. Y lo apoyo entre tus piernas.
Después del postre pago y salimos al frío de la calle. Me abrazas fuerte y me besas restregando tu paquete. Haciéndome sentir tu palo enorme. Te beso despacio. Me agarras en volandas y entras en un portal que ha quedado abierto. No hay nadie y está oscuro. Nos escondemos detrás de la escalera. Te la chupo en cuclillas. Me ahogas con tu falo y mi abrigo se expande sobre el suelo como la cola del vestido de una novia. Me agarras la cabeza por la nuca. Te miro y me caen lágrimas y babas. Te beso la polla y la devoro. Es mía y la quiero dentro de mí. Me follas la boca a tu ritmo y cuando te cansas me subes tirándome del pelo. Me besas y saboreas el sabor de tu polla.
Me subes el vestido y me apartas las bragas a un lado. Separas mis piernas apoyándome contra la pared. Sientes mi coño húmedo y jadeas en mi oreja. Te separas un segundo de mí para preparar tu falo al que guías con tus manos hacia mi interior. Entra suave. Me siento como colgada como un cuadro. Clavada a la pared. Estás como una roca. Te he puesto como un toro felándote. Empiezas despacio, disfrutas de mis tetas. Las sacas por el escote del vestido, las chupas. Aprietas el culo hacia mí. Te abrazo con una pierna. Me agarras por el culo. “No pares, amor, no pares. Soy tu cerda, amor, lléname de lefa. Ponme crema. Aceleras y me tienes a punto de correrme. Tú también. Cierro los ojos para terminar, gimo buscando ese orgasmo que llega. Grito. “Estoy a punto. Me corro.” Y paras.
Te detienes. Me arrebatas tu palo bruscamente. Te apartas de mí con la polla fuera, me señala, tu rabo me mira, me quiere, pero tú lo sacas de mi coño con una sonrisa. Sabías que ibas a hacer eso desde que te he dejado a medias antes de cenar. No. No me voy a quedar así. Me escupo en los dedos y me masturbo mientras me miras con el rabo duro. No te tocas, solo miras con la polla todavía brillante de mi flujo. Respiras fuerte como los que quieren pegar. Tienes rabia y deseo. Ardes. Ves y miras como me froto intensa. Como busco el orgasmo que no me has dejado tener con tu polla. Me estiro hacia arriba el coño con una mano y con la otra busco el clítoris. Doy círculos con mis dedos muy rápido. Me termino follándome con los dedos. Estamos tan calientes que no nos importa no ser discretos. Estoy a punto de correrme cuando una puerta del primer piso se abre. No me detengo, me excita. Me corro, grito, jadeo, me deslizo hasta el suelo apoyándome en la pared y me quedo en cuclillas abierta. Tú me miras con la polla todavía intensa. “En casa no vas a aguantar ni un segundo dentro de mí” sentencio.
Abro la puerta de mi habitación y la cuerda espera sobre la cama. Me empujas y quedo tumbada boca arriba, te miro. Me atas los tobillos juntos y me das la vuelta. La almohada que me pones debajo del vientre está fría. Me escupes en el culo y me embadurnas bien con la mano. Juegas a meterme el dedo en el coño sin intención de masturbarme, juegas como si fueras un médico. “Todavía estás caliente” observas. Vuelves a escupirme. Me excitas. Me agarras de las caderas y subes el culo. Apoyo mi peso en mi cara. Me dilato. Quiero que me entres. Siento mi culo accesible y proyecto tu polla dura dentro de mí. Me atas las manos por delante y las fijas al nudo de los tobillos. Lo único que puedo hacer es dejar que me folles. Vuelves a escupirme. Me chupas el culo y el coño. Me masturbas y notas como me inflo otra vez.
Te desnudas despacio sin dejar de mirarme. “Eres una zorra y no te voy a pagar”. “Me da igual”, respondo. Me calienta esperar tu bate, aprieto el coño esperándote. Te la agarras y acercas el glande a mi coño. Una. Dos. Tres embestidas suaves y la última te quedas dentro, buscas con tu mano mi coño y me masturbas apoyándote en mí. Sigues con más embestidas suaves y desde arriba ves como te mira mi ojete. Escupes y me metes un dedo mientras tu polla sigue dentro de mí. Gimo. Después me empotras fuerte, me golpeas. De no ser por los nudos estaría en el cabezal de la cama. Puedes hacer lo que quieras conmigo. Sacas la polla. “Ojalá sea ahora cuando me la mete en el culo”, pienso. Quiero muy fuerte que me rompas el culo. Sacas el dedo y me escupes en el ojete otra vez. Me relajo y notas como mi esfínter cede. Apoyas la punta en la entrada de mi culo y empiezo a engullir. La punta se queda ahí, haces presión sin hacer fuerza. Respiro hondo y mi esfínter por fin cede, entra la mitad de tu mástil. Escupes en el amasijo de carnes que forman mi culo y tu polla. Te embadurnas bien. Presionas y todo tu tronco entra como un tren que acelera hasta que llega a mi tope.
La siento dentro, tocándome las entrañas. Aprietas con tu cadera con tensión en los músculos de tu culo. La sacas despacio y mi culo prieto no quiere dejarla salir, siento como si me pusieras la piel del revés. Dejas la punta dentro y ahora sigues con unas embestidas cortas, sin terminar de meterla. Lo haces muy rápido, metiendo y sacando hasta la mitad. Me aprietas las nalgas con tus garras. Me golpeas suave, te contienes. Quieres aguantar. Me la metes hasta el fondo de golpe y suelto un gemido. Apoyas tu torso sobre mi espalda y escurres tu mano entre mis piernas. Notas como mi coño mana y disfruta. Juegas con mi clítoris mientras metes y sacas levemente tu polla acaracolado sobre mí.
Te noto tenso, a punto de correrte, te concentras en mi coño, noto la intensidad de tus dedos, quieres que me corra otra vez, quieres que termine en tus manos. Y ahí llega. El furor me sube por las piernas, se concentra en mi culo y espera ahí. Espera a que hagas ese movimiento con tus dedos que me haga romperme y caer rendida sobre mi cama. Te cuesta terminarme porque me tienes atada con las piernas juntas. Tus dedos buscan entre mis labios y te toca separarlos, buscar ese lugar que te permita un movimiento rápido. Lo encuentras. Notas mi respiración aumentar. La espalda se me encorva. No paras y sigues moviendo los dedos de lado a lado. Estoy toda mojada y te empapo los dedos. Me das dos cachetes suaves en el coño. Siento como me aprietas con la polla involuntariamente. Empujas para que me corra. Empiezas un movimiento eléctrico de lado a lado. Empiezo a gemir como una bestia. Me exorcizas. Sacas con tu mano ese orgasmo que se me había quedado estancado en el culo. Termino, exploto y sigues unos segundos con tus dedos para no dejar nada dentro de mí.
Siento tu sudor al incorporarte. Te apoyas en mis caderas y tus manos me hablan. Me controlas, tienes todo el poder sobre mí. Estoy relajada y con el culo lleno de ti esperando a que me rompas. A que sigas dándome placer en mi culo abierto. Empiezas a sacar rabo despacio. Vas a taladrarme. Esperas unos segundos antes de entrar de nuevo porque sabes que es el momento antes de escupir tu lefa. La metes despacio, pero firme. Sacas y metes. Respiras hondo. Vuelvo a gemir. Sé que no voy a correrme de nuevo, pero tu polla es de la talla exacta de mi culo. Aprieto los músculos del culo para pedirte más y lo entiendes como una señal. Tus manos me sostienen la cadera firmes y te preparas para acelerar.
Se te escapa un “Voy” en voz alta y empiezas a empotrarme. Los huevos topan con mi coño. Me aprietas fuerte como si me fuera a ir. Los golpes de tus caderas en mi culo suenan a palmas. “¡Nos aplaudimos”, pienso. Me relajo para abrir mi culo, para dejarte entrar en canal. Jadeas. Una gota de sudor te gotea por la barbilla y termina en mi espalda. Gritas al ritmo de las embestidas. Cada vez con más fuerza. Ya no tienes control. Ya no podrías parar aunque salieras de mí. Me martilleas a toda velocidad. Gimo contigo. Vuelvo a estar excitada y sé que me tendré que masturbar cuando termines. Quiero sentir tu leche caliente. Siento que estás a punto de hacerme buñuelo de nata. Aprietas el culo y noto las últimas embestidas sincopadas. Gritas con cada golpe y terminas gimiendo como un cerdo. Explotas dentro de mi culo. Aprietas hacia mi poniéndote de puntillas. Te exprimo con el culo para sacarte toda la leche.
Nos quedamos pegados hasta que se te baja la erección y la polla se escurre sola de mi culo. Me has vuelto a excitar. Me desatas y nos tumbamos en la cama. Apoyas la cabeza en mi vientre y yo me masturbo una última vez. Mi noche perfecta de sexo termina cuando termino me pides los dedos para chuparlos y te quedas dormido con ellos en la boca.
