Hace ya dos años que tengo el podcast y un poco menos de tiempo la web y todavía sigo preguntándome, ¿por qué escribo y creo todo este contenido? Tú me lo preguntas más todavía.
El resumen es porque me encantan las guarrindongadas y creo que el sexo es una maravillosa manera de comunicarse. ¿Has pensado en lo poco que nos tocamos en nuestro día a día y en lo placentera que es solo una caricia? Una caricia en tu mano, en el hombro, en la nuca, en la pierna o en tu vientre. Escribo porque quiero acercarme a ti y proporcionarte esa sensación cuando te bajas los pantalones, cierras los ojos y le das al play.
Te puedo seguir contando todas esas cosas románticas por las que escribo y todas serán ciertas. Tengo otras verdades al respecto. Certezas más simples que todo eso: escribo porque alguien escucha, más en concreto, tú me escuchas y me dices que te gusta y que me disfrutas. Saber que estás ahí es una de las cosas más satisfactorias que me ha dado toda esta andadura. Quizás todos necesitamos un poco de atención y sabernos deseados. Por eso, quiero decirte que yo también te deseo ahí, yo también te leo y te presto atención, yo también me masturbo pensando en ti, imaginándote en tu cama escuchándome.
El sexo está entrando en la mayoría de ámbitos de nuestras vidas de una forma natural y, en cierto modo, celebro que sea así. Sin embargo, no dejo de pensar que esa naturalidad empaña el misterio que gira alrededor del sexo y del que disfruto tanto. Me encanta hablar de sexo con mis parejas, de lo que me gusta o no me gusta hacer y también disfruto de lo contrario, de la suposición, del no consentimiento consentido. Te cuento todo esto, pero ya lo sabes, soy un zorrón muy particular y solo cierro las piernas si me da más gusto.
A pesar de que el sexo está entrando de muchas maneras en nuestras vidas, sigue siendo un espacio con infinitos tabúes, en especial cuando hablamos de sexo, de disfrute y de su desvinculación del amor. Es habitual que se juzgue a las personas que lo disfrutamos en libertad. Y esos juicios son negativos y a tus espaldas, por supuesto, pero también los hay que son positivos. O falsos positivos. Me refiero a ese momento en el que sueltas en una conversación en la que te sientes cómoda que te gusta mucho el sexo en público o que disfrutas comiendo pollas en el parque o que algún día te encantaría follarle el culo a alguien con un strap-on. Ante esas afirmaciones, muchas veces te conviertes en un ser que se lo follaría todo y a todos del mismo modo. Como si los zorrones no tuviéramos días en los que solo quisiéramos que nos comieran el coño antes de dormir, se nos masturbasen en la tripa mientras tratamos de conciliar el sueño y nos limpiasen dulcemente antes de darnos un beso en la mejilla. Si te llegas a acostar con alguien presente en alguna de esas conversaciones sin duda querrá hacer ESO de lo que hablaste. Las fantasías, el deseo y la práctica real son cosas muy diferentes y no dejaré de gritarlo en bolas desde mi balcón.
Esta es una de las razones por las que prefiero mantenerme en el anonimato y me encanta que lo respetes. Otra confesión: en lo más profundo de mi ser me encantaría mostrarte mi cuerpo y que lo disfrutaras tanto como lo disfruto yo. Por eso entiendo que a veces me preguntes cómo soy y quieras verme. También sabes que tengo un trabajo que no tiene nada que ver con el erotismo o el sexo y, seguramente, que diga en mis redes sociales los metros de polla que me gustaría comerme no les haría mucha gracia a mis jefes. Desearía poder dedicarme a esto a tiempo completo y hago mis esfuerzos, pero no quiero quemarme y por eso elijo con cuidado en lo que me adentro.
Estoy segura que entiendes a la perfección mi anonimato, yo también entiendo los nombres ficticios que te pones en las redes, que no te pongas foto o que me escribas sin seguirme. Ser fan de un putón tiene también consecuencias sociales.
Pienso, por otro lado, si es necesario que conozcas mi cuerpo (mi mente ya la conoces). Tú has construido mi imagen a través de mi voz, ¿quién soy yo para romperla con la realidad? No me malinterpretes, me encanta mi cuerpo y creo que soy una mujer exuberante y atractiva, pero la imagen que de mí tienes nos da la misma intimidad a ti y a mí que a dos amantes en la cama. En tu cabeza, los límites de nuestra relación, los pones tú, si es que los pones.
¿Será que escribo por eso? ¿Escribo para que entre los dos cultivemos esa imagen que te has creado de mí? Me parece un gran aliciente para seguir escribiendo que construyamos juntos esa relación mientras escuchas mis gemidos con tus auriculares puestos en el tren. Más confesiones: cuando empecé con el podcast fue casi una prueba, fue algo más mental. Escribí una historia, la grabé y la subí sin esperar una gran acogida. La historia fue poco a poco tomándome a mí y sintiéndome más libre para compartir contigo mis deseos y mis fantasías. Así que, de algún modo, tú también me ayudas a construir una relación conmigo misma.
Te escribo esto porque me has preguntado muchas veces quién y como soy y me gustaría haberte aclarado algo. Si no ha sido así, no pasa nada: soy como tú quieres que sea.
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