Sexo en el Camino de Santiago

¿Has hecho alguna vez el Camino de Santiago? ¿Te gusta caminar? Si no lo conoces, el Camino de Santiago es una peregrinación que tiene varias rutas, la más famosa es el Camino Francés, pero hay muchas más, lo importante es el camino. Es muy concurrido, mucha gente lo hace por diversos motivos: religiosos, para pasarlo bien, para estar en contacto con la naturaleza, la cultura.

Puedes  encontrar el audio que inspiró este relato en mi programa JOI (Jerk Off Instructions) Mastúrbate conmigo.

Hace unos años tuve la oportunidad de hacer esa ruta de hacerlo. Fue una experiencia genial que me sirvió para conocerme mejor a mí misma y a otras personas, ampliar el círculo de amigos. Conoces a gente que seguramente no conocerías en tu día a día, personas de bagajes muy distintos al tuyo.

Estuve caminando un mes y al principio, por lo menos yo, no estaba entrenada a caminar tantas horas. Las etapas suelen ser de unos veinte o treinta kilómetros. Cuando llegas al albergue estás agotada y tienes que compartir habitación con otras personas. Al pisar el albergue estás reventada y lo único que te apetece es ducharte, cenar y dormir para volver a hacer lo mismo al día siguiente.

Cuando llevas a unos días el cuerpo se acostumbra y te va apeteciendo socializar al llegar por la tarde. A mí me gustaba andar sola y por la tarde tomar algo con algunas de las personas que había conocido. Normalmente vas coincidiendo con los mismos y si no los encuentras un día, los encuentras más adelante.

Un día en un pueblecito de Aragón, conocí a Hector, un vasco que también peregrinaba solo. Hector pasaba por una época de cambio y quería tomarse un tiempo solo. Yo estaba allí porque no había conseguido sincronizar las vacaciones con nadie.

Héctor y yo nos encontrábamos al final de la etapa y salíamos a cenar algo con otras personas. Sin embargo, él y yo estábamos muy bien juntos. Una de esas noches bebimos mucho vino y nos acostamos bastante tarde… Nos levantamos con una resaca horrible. Me preparé para salir, no vi a Héctor así que me imaginé que ya habría salido y le encontraría al final de la etapa. Él era muy diligente, por eso me sorprendió encontrarlo a la salida del albergue calzándose las botas. Él era muy madrugador, pero ese día también se había dormido. No se puede beber.

Caminamos la etapa juntos. Llegamos al pueblo en el que íbamos a dormir, fuimos al albergue y nos dijeron que no había plazas. Había llegado demasiado tarde. Nos quedamos con cara de tontos. Nos dieron el teléfono de un hotel, pero a los dos nos pareció que quedarnos en un hotel no iba con el espíritu del Camino de Santiago. Decidimos seguir caminando hasta el siguiente pueblo que estaba a unos cinco kilómetros. Durante el camino pasamos por un claro de un bosque y a Héctor se le ocurrió dormir allí con nuestros sacos bajo las estrellas.

No teníamos nada que comer. Héctor empezó a hurgar en su mochila y sacó algunas piezas de fruta y barritas energéticas. «Cenaremos esto, mañana ya desayunaremos bien en cualquier sitio», dijo. Me convenció. Estiramos las esterillas y estuvimos hablando y comiendo las barritas como supervivientes hasta que se hizo de noche. Vimos algunos peregrinos pasar que también se habían encontrado el albergue lleno, nos saludaban, hablábamos, se sorprendían de vernos dormir al raso.

Se cerró la noche y nos metimos en los sacos. Apagamos las linternas. Refrescó y Héctor propuso juntar los sacos para mantener el calor juntando nuestros cuerpos. Me abrazó y pensé que olía genial. Le dije «Mañana oleremos a zorros». «Ya nos ducharemos al llegar» respondió. Así que me olvidé de todo y disfruté de su abrazo. Me apretó hacia él. Le besé en el cuello y no pude parar hasta encontrarle la boca, se giró hacia mi y se restregó apretándome su rabo en el culo. Estaba duro y me agarraba por la cintura hacia él. Le ardía el cuerpo. Era como una calefacción.

Empezó a atacar mi coño poniendo su mano sobre mi ombligo, fue bajando hasta encontrar mi abertura. Separó los labios y frotó de arriba a abajo, metiéndome el dedo para untarse y subir para estimularme el clítoris. Yo estaba en silencio, paralizada a propósito, respiraba. Él a la vez que me masturbaba iba empujando como si buscase mis huecos. Se bajó el calzoncillo y por fin sentí su carne al descubierto. Puso su rabo entre mis piernas, estaba ardiendo. Se masturbó con mis muslos, yo apretaba mis piernas para darle más placer. Cuando sentía salir la punta por delante, cerca de mi coño, yo le acariciaba el glande que salía de entre mis piernas como una seta después de la lluvia. Se detenía y disfrutaba de mis caricias.

Poco a poco, esa polla fue buscando mi vestíbulo. La entrada a mi cueva. Exploró con la punta, jugó, dio unas vueltas y con su cadera presionaba y se hacía fuerte dentro de mí. Gemía y miraba las estrellas. La luna rompía la oscuridad. Me besaba el cuello, las orejas y buscaba mis labios. Acaparaba mi cuerpo con sus manos, mis pechos estaban tersos, tenía los pezones tiesos como piedras. Me abrazaba para acomodarme a su cuerpo.

Cuando toda su polla estuvo dentro, le pedí que se tumbara boca arriba. Estábamos de lado y no queríamos que su rabo saliese de mí. Me moví despacio y él me siguió hasta que me quedé en cuclillas sobre él. Empecé a cabalgar despacio, moviendo mis caderas sobre él, apretando mi pecho sobre el suyo, oliéndole, abrazándole. Sentía la humedad en nuestros sexos y me calentaba todavía más. Aumenté la velocidad del movimiento sin romper nuestro abrazo. Las embestidas hacían ruido y gemía como un animal. Mi clítoris palmeaba en su pubis y mi vagina se abría y cerraba con su polla como si pidiera más. Estábamos los dos casi en nuestro límite de excitación. Me agarraba del culo buscando mi raja y después mi ojete. Casi no podía atinar en el con su dedo debido al movimiento.

Encima de él, me di la vuelta y me quedé de espaldas. Estaba otra vez en cuclillas. Troté como una amazona sobre esa maravillosa montura. Él me agarraba de la cintura para llevar el ritmo. No le dejé porque yo mandaba. Le sentía a punto de explotar y cambié la postura para aguantarle un poco. Me puse en cuclillas de lado y sentí que eso le ayudó a aguantar, le desconcentró un poco. Me gustó porque así tuve que volver a ponerle a tope otra vez. Le miraba de lado y resoplaba como una bestia. Volví a girarme y quedé mirándole. Le agarré del cuello mientras seguía cabalgando y golpeándole con mi coño. Gritaba. Su polla estaba enorme y el rabo al entrar y salir me estimulaba el clítoris que estaba todo húmedo de mi clítoris. «Me corro, me corro, sal, sal», me separé de él y me puse de rodillas a su lado y observé su polla dura.

Todavía no se corría, le brillaba el cipote como si lo hubiera pulido el zapatero. Me agarró de la nuca y me acercó la boca a la polla. Mientras besaba el glande notaba el sabor a mí. Con la lengua recorrí la punta de su escopeta, después me la metí despacio en la boca. El glande me tocaba en la garganta. Me agarro la cabeza y le dejé que me follara la boca rápido. Sentí la explosión de lefa en mi garganta. Sentí el calor del líquido y lo guardé en la boca. Le pasé el semen con un beso y se lo tragó.

Me senté en su cara y me comió el coño como si no hubiese comido en la vida. Estaba hambriento. Me follaba con la lengua metiendo la lengua en mi vagina. Me succionaba el clítoris y después jugaba con su lengua de lado a lado, de arriba a abajo. Le ofrecía mi ojete y se lo comía. Se centró en mi clítoris. Lo agarró entre sus labios y succionó, como si me estuvieran un beso largo. Cada vez iba más rápido y yo aceptaba más y más presión. Me corrí en su cara, me restregué muy fuerte en su lengua mientras él me agarraba el culo. Disfrutaba con todo el flujo en mi cara.

Nos acurrucamos dentro de los sacos y dormimos hasta que salió el sol. Por la mañana él sabía a mí y yo todavía tenía el sabor de su semen en la boca. Nos aseamos lo que pudimos, preparamos la mochila y nos pusimos otra vez en camino.

 

Escucha la historia en mi programa JOI (Jerk Off Instructions) Mastúrbate conmigo