He vivido en muchos sitios, pero tengo que decir que me encanta Madrid. Para mí siempre será la ciudad del sexo y la diversión. Tengo tantísimos recuerdos de esa época que no acabaría nunca. Hoy te comparto una experiencia sexual real con un camarero en un pub irlandés.
Puedes encontrar el audio que inspiró este relato en mi programa JOI (Jerk Off Instructions) Mastúrbate conmigo.
Hace ya muchos años vivía en Madrid. Esa ciudad me volvía loca, todavía me sigue gustando mucho la ciudad y regreso de vez en cuando. Llegué sin amigos a buscarme la vida. Me mudé antes de tener trabajo y tuve que construir todo. La sensación de empezar de cero tu vida es algo que me hizo crecer y que muchas veces tengo ganas de repetir. Mudarme por el mero hecho de empezar una vida nueva. Podía ser cualquier persona, hasta convertirme en otra.
Como no conocía a nadie, muchas veces iba a tomarme una cervecita sola antes de regresar a casa. El bar al que solía ir estaba cerrado y entré en el siguiente que era uno esos típicos pubs irlandeses forrados de madera. No jugaba ningún equipo de aquí, así que el pub estaba vacío. Me senté en la barra y me pedí una pinta, quedé embobada mirando la pantalla con un partido de fútbol de equipos de no sé qué país. Me relajé y me olvidé que llevaba minifalda.
Pasaron unos minutos hasta que me di cuenta que el camarero se había apoyado al final de la barra para mirarme las bragas. Hice como si no me diera cuenta, seguí bebiendo y mirando el partido con las piernas bien abiertas hacia él. Di un trago de cerveza y dejé caer por la comisura de los labios un hilo de cerveza que bajó por el mentón, recorrió el cuello y se ahogó en mi canalillo. Abrí todavía más las piernas y le miré a los ojos. Se acercó a mí y se plantó a mi lado, junto a la barra. De haber cerrado las piernas le podría haber atrapado entre mis muslos. Acercó una mano a mi coño y la posó sobre mis bragas. Las había mojado, él apretó muy suave como si me quisiera agarrar por el coño.
Apartó las bragas a un lado y de mis labios supuraba flujo. Podía sentir como me respiraba el coño, como palpitaban los labios, abriéndose y cerrándose. Y él también lo sentía. Metió un dedo, despacio, era el dedo índice. Se acercó a mí, como si fuera a besarme, pero no lo hizo. Respirábamos juntos a un centímetro. Y su dedo seguía moviéndose, entrando y saliendo. Me metió dos dedos y los dejó dentro mientras con el pulgar me estimulaba el clítoris. Tenía toda la mando mojada de mí. Tenía unos dedos poderosos, enormes, y sentía cada nudillo cuando entraba y salía. Yo jadeaba con la boca abierta. De repente, su mano se convirtió en un taladro y me penetraba con ella rápido y vigoroso.
Agaché la cabeza para mirarme, para ver qué me estaba haciendo y él seguía con moviendo la mano, me quería terminar y yo tenía en la yema de mis manos el orgasmo, estaba punto de estallar. Y SE DETUVO. Sacó la mano, rompí el silencio “No, por favor, no me dejes así, te la chupo. Soy muy zorra, te hago una mamada de rodillas”. Se dirigió a la salida sin responderme y apretó un botón que bajó la persiana del pub. Estábamos solos. Me quité las bragas y me apoyé sumisa en el taburete con las manosm ofreciéndome de culo para él. Se bajó los pantalones hasta los tobillos y restregó su polla por mi raja, empezando por el coño y subiendo hasta el culo. Se mordía el labio inferior, ciego de sexo. Me metió la punta en el coño. Empecé a gemir, no podía parar y la sacó de repente. Se arrodilló y me comió toda, chupaba mi vestíbulo y subía al culo. Se explayaba en mi ojete. Me separaba, me abría con sus manos para tener mejor acceso. Me escupió varias veces en el ano y metió un dedo mientras seguía con mi coño.
Se puso de pie junto a mí. Me acercó a él agarrándome por las caderas y su polla casi entró sola en mi coño. Le mojé todo. Él me apretó y aguantó dentro de mí un buen rato, se recostaba en mi espalda y ambos apretábamos fuertes contra el otro. Grité, quería que se moviera yo estaba lista para correrme, quería que me follase. “Fóllame, fóllame, fóllame”, casi le exigí. “Quieres que te folle, guarra?” “Sí, fóllame, ¿o no eres un buen macho?, reviéntame, a ver si sabes… o solo sabes comer coños, vamos taládrame si eres un buen montador”. El camarero sacó la polla de mi coño por primera vez, y la metió otra vez con una sacudida seca y enérgica. Otra vez. Cada embestida me hacía acercárme cada vez más a la barra, no podía soportar su fuerza. Me daba más y más fuerte, pellizcándome las nalgas. Aparté el taburete y terminé agarrada a la barra casi flotando, con las piernas abiertas de par en par y el empujando, gritando fuerte como yo: “Toma, puta, toma, ¿quieres más? ¿Te atreves con más?” “Sí, fóllame más, me quiero correr, no hables, imbécil, fóllame”
El camarero me agarró fuerte por la cadera y me empotró, me golpeó con su polla hasta que me corrí a gritos agarrada en su barra. Sacó la polla y seguía con el sable listo. “Me has dejado palote”, “Soy una guarra, no te voy a dejar así. Siéntate en ese sofá. Te voy a follar con el culo, me quiero correr otra vez”. El muchacho se sentó en un sofá que había junto a una mesa, me acerqué y le terminé de tumbar. Quedó boca arriba con los pantalones bajados y la polla tiesa. Me levanté la falda y acerqué mi cara a su boca. “Come un poco antes, vamos, cerdo, que sé que te gusta, sé guarro como antes”. Me comió el coño haciendo mucho ruido, me moví para que me comiera el ojete y se empleó bien en él. Puso la lengua dura y yo me la metí en el ojete haciendo presión con mi cuerpo.
Cambié de posición y me senté sobre su polla. Con una mano la dirigí a mí ojete manteniéndola recta hacia arriba. Haciendo círculos con mi cadera estimulé mi esfínter para que se relajara. Estaba tan excitada que tarde menos de un minuto en meterme el glande. Estaba casi de pie con la punta de su polla en el culo. Me escupí en la mano y embadurne todo su tronco y fui bajando hasta tener todo el mástil dentro. Dejé caer todo mi peso sobre él para disfrutar de mi trono. Separé las piernas y me masturbé con su polla entera en el culo. Sin dejar de tocarme empecé a cabalgar, muy despacio, sintiendo cada milímetro de su carne, disfrutando de cada sensación. Le di de probar mi flujo con mis dedos y él me los limpió.
Su polla entraba y salía. Yo jugaba despacio con mi peso. Me apoyaba en mis rodillas y bailaba cada vez más rápido, él respiraba, aguantaba. “Ere muy puta, eres muy puta, te voy a reventar”, “Te voy a reventar yo a ti, cerdo, te voy a follar con el culo hasta que explotes, hasta que me rellenes de leche como un pavo de navidad, te voy a cabalgar tan fuerte que se te voy a partir la pelvis”. Le miré a los ojos y empecé a trotar, a golpearle como una loca, quería correrme y necesitaba su lefa dentro. Saltaba sobre él, gritábamos me agarraba el culo: “Puta, me corro, puta, hija de puta, qué me has hecho, yo tengo novia”
Tenía el culo lleno de lefa, me levanté y puse el culo sobre la cara del camarero hasta que el semen le cayó en la mejilla. “Límpiame el culo que me tengo que ir”, el muchacho rebañó toda la lefa que me quedaba en el culo. “A tu novia le gusta que seas limpio”.
Me puso las bragas, levanté la persiana y antes de irse le solté: “Gracias por la pinta”
Escucha la historia en mi programa JOI (Jerk Off Instructions) Mastúrbate conmigo
