El chico de la mudanza

Recientemente me he mudado a una ciudad más grande y con playa. Todo este ajetreo me ha puesto un poco nerviosa y he fantaseado mucho con todo el proceso. Hoy me apetece compartir contigo esta fantasía sexual con el chico de la mudanza.

Puedes  encontrar el audio que inspiró este relato en mi programa JOI (Jerk Off Instructions) Mastúrbate conmigo.

No sé si tendría que haberle pedido que me ayudara, no quiso cobrarme y le hice perder todo el fin de semana conmigo. Cargando, conduciendo, descargando y subiendo todo a mi nuevo piso. Le pagaré una comida o le daré algo. No podía hacerlo sola y era el único que podía ayudarme. Después de subirlo todo, nos quedamos sentados en el sofá exhaustos. Se había quitado la camiseta y el torso le brillaba por el sudor.

No quería aprovecharme del hecho de que entre los dos hubiera una tensión sexual que nunca habíamos resuelto. Me pidió permiso para ducharse y se desnudó delante de mí casi sin dejarme responder. Se metió en el ducha mientras yo buscaba alguna toalla, champú y gel. Tardé un poco, tenía todas mis cosas todavía en las cajas que él mismo me había ayudado a subir.

Llamé y abrí la puerta antes de que respondiera. Me miraba de frente a través de la mampara. Se exhibía ante mí. Me pidió que le mirase si tenía algo en la espalda, se había hecho daño, decía. Repasé su espalda y no encontré nada. Llegué a sus nalgas y, sin darles yo ninguna orden, mis manos las masajearon. Se apoyó en la pared de la ducha para acercarme su culo, indicándome con sus movimientos dónde debía tocar.

Pasé mi mano entre sus piernas por detrás y encontré sus huevos. Los abarqué los dos y jugué suavemente con ellos en mis dedos. Con la otra mano alcancé su polla que me esperaba dura como una roca. Apoyé mi mejilla en la parte baja de su espalda y sentí su respiración.

Tenía que engrasarle bien el rabo quería que sacase un buen chorro de lefa. “Ojalá me la pueda tragar”, pensé. Seguro que después de correrse está más relajado. Los orgasmos son muy útiles para destensar los músculos. Recorrí su tronco erecto con mi mano. Le di la vuelta hacia mí empuñádole por el rabo. Me arrodillé y le miré a los ojos. Su glande me tocó en la frente y tuve que acercármela a la boca.

Recorrí con mi lengua la corona de su punta y le besé todo el ciruelo. El ojo que tenía en la punta me miraba y supuraba. De un lametón le limpié y tragué el líquido salado. Me agarró de la frente y me apartó. Se cogió la polla y me golpeó en la lengua con ella varias veces. Tenía un pepino monumental. Cerré la boca con su polla dentro y el me la folló apretando mi cabeza hacia él. Las babas me caían por la comisura de los labios, me brotaron las lágrimas. Me soltó. No quería que me dejase vacía de príapo. Le retuve cerca agarrándole con una mano y le sorbí la punta de la polla. Después me la tragué entera, dejó caer las manos a los lados y sonrió. Se dejó hacer.

Vi en sus ojos que disfrutaba, sentí en sus músculos que no quería que terminase nunca. Luchó por retrasarlo todo. Los huevos se le subieron, se pegaron a la base de su polla preparándose para disparar. Le suelté el pene y se quedó apuntando al techo, firme como un soldadito de plomo. Se le marcaban las venas y las recorrí sedienta con mi lengua como si fueran ríos. El cuerpo cavernoso de su polla apretaba hacia el exterior y le dividía el rabo. Cerré los ojos y sentí esa polla entrando en mi coño. Le mamé y me acarició el pelo.

Le agarré de la mano y le invité a salir, le puse de cuatro patas en el suelo. Las gotas de agua le resbalaban por la piel. Me escurrí debajo de mi perro y mi cara quedó justo a la altura de su boca. Me quité las bragas para que pudiese verme el coño mientras le ordeñaba. Me pasó un dedo por la raja y se lo puse en la boca para que me saborease.

Empecé con su polla. La empuñé fuerte y sacudí despacio. Él respiraba hondo. Separaba levemente las piernas para acercarse a mi boca, le detuve con una mano: quería ordeñar a mi toro, ya ha tenido su mamada. “Sería bonito que alguien le sodomizara mientras yo le ordeño”, este pensamiento me llevó a humedecerme un dedo y a metérselo en el culo. Gemía y movía la cadera. Entendí que le gustaba. Disfruté de esa visión: los huevos pegados a los bajos de su polla y esta, apuntando a la pared.

La serpiente volvía a babear y con un dedo recogí el líquido y me lo tomé. Presioné con la mano y sacudí fuerte. Él me ayudaba embistiendo mi mano como si fuera mi coño. El dedo que tenía en el culo salió casi escupido, no aguantó los movimientos. Él se detuvo para pedirme que se lo volviese a meter. Respiró.

Me preparé para su corrida. Levanté mi torso para que mi boca se acercase a la punta y empecé a sacudir duro con la mano. Hice equilibrios con un dedo en el culo y la otra mano agarrando la polla. Me dolía el brazo de los movimientos. Él me sentía y quería terminar. Tardó un poco más de lo que pensaba y cuando explotó me encastó la polla en la boca. Sentí como los escupitajos de lefa calientes cayeron en mi lengua y garganta. Se recostó a un lado y yo seguí amorrada a su polla y enganchada por un dedo a su culo.

Me separé de él. Jugué con el semen caliente con mi lengua. Le miré y me lo tragué. Saqué el dedo de su culo y me quedé tumbada en el suelo junto a él.

Escucha la historia en mi programa JOI (Jerk Off Instructions) Mastúrbate conmigo